
Bajo una óptica completamente personal, debo reconocer que, desde siempre, los directores de dibujos animados que no son dibujantes suelen merecer mi desprecio. Los dibujantes que animan hacen maravillas, Otomo, Disney, Fleisher, Miyasaki, los que no dibujan mandan a hacer maravillas que no saben cómo se hacen, que resultan más costosas y que, por lo general, no quedan tan maravillosas. Es admirable además, pensar en gente como el sexagenario Miyasaki, aun afectado de tendinitis, reservándose los personajes más difíciles o los más interesantes, como la bruja Yubaba de Chihiro, o escribiendo el guión, dibujando el storyboard y animando al mismo tiempo las mejores escenas de la Princesa Mononoke, Tim Burton dibujando los intermedios del Frodo de Ralph Bakshi en El Señor de los Anillos, o Brad Bird dibujando él mismo la secuencia de la taza de café de Iron Giant (oh, Brad, ¿por qué abandonaste los dibujos animados en aras de ese aséptico 3D?), por no hablar, claro está, del abusivo virtuosismo de Bill Plympton, que es capaz de dibujar un largometraje completo él solo (como hacía sus cortos el pionero de pioneros, Windsor McCay). Además de eso, profesionalmente hablando, no dejo de ver a esos animadores que no dibujan como gente que vive del trabajo de otros, cosa que aborrezco. Pero hay, claro está, excepciones a esta arbitraria teoría, el británico Martin Rosen, productor de cine de imagen real (cine “normal”), que por azares del destino terminó dirigiendo dos largometrajes animados que son además obras maestras y películas hito, Watership Down y The Plague Dogs, el director independiente americano Richard Linklater, que dejó en manos de ocho artistas plásticos el rotoscopio de otra película muy importante, Waking Life, y luego, de forma más organizada, dirigió una de las adaptaciones más originales, pero más fieles al espíritu de Philip Dick en Scanner Darkly, y más recientemente, el más extraño de todos, MIchael Arias, el americano perdido en Japón responsable de Tekon Kinkreet, hermoso largometraje animado basado en el manga Black & White, narración errática y bizarra, que en la película es respetada hasta en su inverosímil final.
Richard Adams, en lugar de leerles cuentos a sus hijos antes de dormir, les iba relatando uno que se le iba ocurriendo mientras hablaba, era una epopeya de conejos, que debían huir de su conejera como los judíos de Egipto, y buscar su tierra prometida en la Colina de Watership, sorteando toda clase de peligros en una inhóspita campiña. Al parecer, la esposa de Adams instó a su marido a pasar en limpio la historia, que se convirtió inmediatamente en un clásico de la literatura infantil y juvenil en Inglaterra. Martin Rosen cuenta que desde que leyó el libro quiso llevarlo a cine, aun sin tener claro si filmaría una película con personas disfrazadas de conejos, filmaría conejos reales, utilizaría stop motion o, la opción por la que finalmente se decantó, dibujos animados en su concepción más clásica. Watership Down es probablemente la película más accidentada de la historia de la animación, que sufrió percances tan inoportunos como el despido de su director original, el aclamado John Hubley, cuando se habían animado ya los primeros 5 minutos, lo que implicó un cambio de estilo radical y el usar esos primeros minutos animados como prólogo, y que el productor, Martin Rosen, asumiera la dirección. Los productores se fueron a la quiebra al menos 3 veces mientras la película se hacía, y estrenarla finalmente fue un calvario para los publicistas que no sabían como vender una historia de conejos que no tenían nada que ver con el Tambor de Bambie ni con Bugs Bunny. En Watership Down varios conejos morían a dentelladas de perros y gatos, o bajo las trampas de los campesinos, bajo la tierna apariencia de sus personajes, se escondía una metáfora ecológica que no escatimaba escenas de mucha crudeza para la que se acostumbraba mostrar a los niños en 1978. Finalmente, la película fue estrenada con un oscuro afiche (ver arriba) que pone en evidencia que no era una película infantil, un conejo negro que parece aullarle a la luna, acompañado de un tag line genial “todo el mundo será tu enemigo, príncipe de los mil enemigos, y cuando te atrapen, van a matarte, pero primero te deben alcanzar”, que se pegó por todas las calles de Londres. La película se convirtió en un éxito absoluto, por su originalidad, por saber transmitir la energía de la hermosa novela de Adams, y porque demostró que se podían hacer historias de verdad en dibujos animados sin ningún tipo de concesiones. Pocos años después, Rosen adaptó otra novela de Adams, también protagonizada por animales, esta vez se trataba de dos perros que se escapaban del laboratorio donde los sometían a crueles experimentos, mientras se corría el rumor de que eran portadores de un virus mortal (The Plague Dogs). Mucho más nihilista que Watership Down (que en medio de su crudeza era una historia absolutamente edificante), Plague Dogs no solo es una película aun mas lograda que Watership, si no que utiliza técnicas de animación completamente originales para su época. Formalmente, el principal aporte de Rosen radica en el uso de movimientos de cámara inusuales en la animación, pero más comunes en el cine “filmado”, lo cual contribuye a la sensación de verismo de sus historias que, protagonizadas por animales parlantes, resultan a los ojos del espectador mucho más realistas que La dama y el Vagabundo o Los Aristogatos, que eran finalmente mucho más caricaturescas. Por desgracia The Plague Dogs no tuvo la repercusión de Watership ni fue demasiado rentable, lo cual contribuyó y no poco, a que Rosen desistiera de aventurarse en más proyectos animados. No obstante, junto a When the Wind Blows, de Jim Murakami, The Plague Dogs es quizá la mejor película animada producida en Inglaterra durante los 80′s.

Richard Linklater es un director norteamericano que ha hecho gran parte de su carrera al margen de Hollywod, teniendo en su haber películas tan interesantes como Before Sunset o Dazed And Confused, Linklater, que no desdeña hacer cine comercial de vez en cuando (School Of Rock, The Newton Brothers), ha asumido riesgos únicos al encabezar dos largos animados que están entre lo mejor que se ha hecho en dibujos en Norteamerica en los últimos 30 años. En Waking Life, película de bajísimo presupuesto, Linklater nos cuenta una historia extraña, un joven vive en un sueño y trata de despertar, pero sus intentos son vanos, en lugar de eso, vaga por diversos escenarios oníricos, encontrando a seres fantasmales con los que sostiene poéticas conversaciones. Nada más oportuno para esta extraña historia que unos dibujos en los que la realidad luce desdibujada, imprecisa: la película se sostiene por un lado en el dibujo, y por el otro, en el aporte que diversos actores, amigos de Linklater (Ethan Hawke, Rory Cochrane), y participaciones especiales como la de Steven Soderbergh, que contribuyen con sus voces y sus gestos, a una película que se convierte en una obra única y original, totalmente innovadora en su puesta escena y lo que es más importante, totalmente definitiva, el viaje hacia el despertar no hará más que llevarnos por diversos escenarios , la fusión entre el cine, la poesía y la plástica nunca habrá sido tan inteligente. Pero Linklater llevó su experimento aun más lejos, en Scanner Darkly, con un presupuesto mucho mayor, y con el apoyo de actores muy conocidos (Keanu Reeves, Woody Harrelson, Winona Ryder y Robert Downey Junior), una historia de Philip Dick adquiere un color muy especial. En la prolífica obra de este enigmático autor predomina una imagen particular, el extrañamiento, la ausencia de la realidad, los universos paralelos y la realidad virtual como metáforas de la alienación contemporánea (que son el tema de Sueñan los androides con ovejas electricas o Total recall). Las futuristas historias de Dick se han encontrado con todo tipo de adaptaciones en la pantalla, en Scanner Darkly, la historia de un grupo de jipis adictos a una extraña droga alucinógena, convertidos en la película en yonquis contemporáneos, perseguidos por policías cubiertos de una coraza virtual que los vuelve irreconocibles -al adquirir el aspecto de un ser que podría ser cualquier ser-, nos encontramos con una obra muy especial, es una historia de ciencia ficción, pero con una ambientación completamente contemporánea, como diciéndonos, el futuro es hoy, y aunque toda la historia ocurre en un entorno irreal magnificado por los personajes dibujados, el desenvolvimiento dramático de la trama, es totalmente realista. A diferencia de Waking Life, en Scanner Darkly sentimos más la presencia de los actores de carne y hueso y la puesta en escena cinematográfica convencional, pero asimismo, en el trabajo visual, los dibujos mantienen una línea más uniforme que en Waking Life, más lograda y menos experimental, el resultado es una película alucinante que abre un nuevo universo de posibilidades para la narración audiovisual con dibujos, también es una cinta que no es fácil de digerir para todos los paladares, aunque la obra de Linklater, y la de Dick, suelen tener esa característica.

Michael Arias no es dibujante, y ni siquiera es un lector habitual de manga, pero vive en Japón hace 15 años y además de haber aprendido a descifrar la cultura oriental de un modo que un occidental rara vez consigue, es un experto en efectos especiales digitales. Arias trabajó con Kôji Morimoto en el corto Beyond, de Animatrix, y el resultado obtenido los animó tanto a ambos que trabajaron en adaptar el cómic Black and White de Teiyo Matsumoto a la animación, utilizando personajes modelados en 3D, Morimoto terminó aburriéndose de la idea (acaso por la inexpresividad de los personajes modelados), y Arias decidió encabezar la dirección, pero convertir este proyecto en una realidad fue un proceso de casi diez años. El resultado es una película maravillosa que, sin ser una obra maestra, alcanza a ser una de las mejores películas animadas, al menos en términos visuales. La historia de Tekkon Kinkreet juega con clichés del policial y de los super heroes, que en el cómic original (un manga totalmente inusual de por sí) estaban revestidos de un aura underground que en la película adquieren un aspecto de cinema verité surrealista, un ritmo acelerado, y unos movimientos de cámara vertiginosos que la hacen ver como una versión animada de Ciudad de Dios (porque además los protagonistas son dos niños delincuentes que… vuelan!). Restos de filosofía punk, con una ambientación de un colorido impresionante y de una animación de calidad excepcional (ejecutada por el equipo de Studo 4c), hacen que la película de Arias se convierta en un verdadero festín visual, una estética muy japonesa con un ritmo cinematográfico muy americano que consiguen una verdadera integración cultural, y nos hacen preguntarnos qué futuro le espera a dicha integración, que ocurre también en los aspectos técnicos (el 2D y el 3D), ya sea en nuevos proyectos del propio Arias (que ojalá no demoren otros 10 años en aparecer), o en los de gente que quiera seguir su estela.
Durante mucho tiempo, la animación ha sido considerada como un medio menor en términos artísticos, en donde solo tienen cabida historias simples, y donde lo que importa es solamente el despliegue visual, esto no solo es por causa de los productores, si no que la mayoría de los mismos animadores consideran ese status quo como una virtud antes que como un defecto. En ese sentido, el aporte que cineastas venidos del medio de la imagen real le pueden dar a la animación es completamente valioso, para crear obras de arte, para abrir los ojos al público a nuevos formatos, nuevas técnicas y a nuevas maneras de contar las historias que han conmovido a la humanidad desde siempre.
Finalmente, lo único que importa es tener algo realmente valioso para contar.

Druuna creció en La Ciudad, una gigantesca nave espacial llamada así por sus habitantes porque han estado viajando en ella por el espacio durante siglos, buscando un planeta en el cual crear una nueva civilización. De hecho, ya la mayoría de los citadinos no sabe ni siquiera que está en una nave.
Tintín está cargada de innumerables mitos y leyendas, sobre todo alrededor de su creador George Rémi, más conocido como Hergé. Gracias a Tintín, Hergé ha sido acusado de asumir y hacer propaganda de varias posturas un tanto dudosas
Probablemente cuando en la prehistoria el hombre se sentaba con su tribu alrededor del fuego a narrar historias, prefería aquellas que tuvieran una cierta linealidad, con un inicio, un desarrollo y un desenlace que hicieran más clara la idea que se pretendía exponer
Lo más importante son los sentimientos de los personajes, temas acaso extraños al mundo de los comics, donde predomina la acción. Este libro de Cosey está más cerca del cine y de la literatura que del de las historias dibujadas en general.
[...] la puesta en escena valiéndose de la animación (y acá Folman se uniría al grupo de los cineastas no animadores de los que se habló anteriormente), le permite a Valz con Bashir alcanzar un nivel estético inusual, el trabajo del animador Yoni [...]
Buen Articulo!Una consulta Watership Down es la cinta de animación que aparece en el peli de la escuela de Donnie Darko (otra buena peli!)?
síiii, en Donnie Darko los estudiantes ven Watershio Down en la clase de inglés, es correcto!!!
Gracias Diego…espero poder “encontrarla” por estos lares.Si saben algo para conseguirla…pasen la voz.
Es uno de los mejores articulos que he leido aqui,es mas es tanta la emocion que no puedo esperar para ponerme a dibujar….larga vida a la animacion.
Enhorabuena por el post. me parece excepcional esta documentada restitución de la dignidad al género de la animación. es uno de esos que me guardo para futuras consultas. saludos!
oh, muchas gracias, se prevé a futuro inmediato publicar varios artículos de este mismo calibre, ojalá mejores