
La ascención del gran mal era una historia ejemplarmente bien dibujada y escrita, en la que el francés David B exploraba a fondo su experiencia personal, como hermano de un epiléptico. Compartiendo desolación, pero en el polo opuesto de la sensibilidad, el suizo Frederik Peeters narra en Píldoras azules también un enfrentamiento con la enfermedad, no desde la posición del enfermo si no la del testigo. También ejemplarmente bien escrita y dibujada, la obra de Peeters tiene una diferencia de peso con su antecesora: la ternura.
Frederik ama a Caty, y para él no es un obstáculo que ella y su pequeño hijo sean seropositivos, antes bien, es ésta quizá la razón de que el nexo entre ellos se haga tan fuerte. La historia de esta convivencia sabe ser optimista sin ser sensiblera, y logra incluso ser emocionante. En medio del auge de las novelas gráficas de corte autobiográfico (que es tan alto que corre ya el riesgo de volverse un estereotipo), esta autobiografía cuenta con una gran ventaja, sería una historia interesante aunque fuera ficción pura. Como hace Joe Sacco en las guerras, Peeters se convierte en corresponsal de su matrimonio, contándonos desde adentro una autobiografía que mira hacia afuera, que provoca en nosotros sentimientos de empatía, que no elude el humor en medio de la tragedia que narra, ni el tono poético, una historia que a pesar del tono intimista y de estar basada en una experiencia personal, no es ninguna magnificación del yo, si no todo lo contrario. Se trata de una gran obra, no una obra maestra, ya que la vida sigue y los personajes continúan su existencia, dentro y fuera del papel. Pero es en cualquier cosa, un cómic de los que se deben leer.
Recomendada a todos aquellos que leyeron “La ascensión…” y admiraron por un lado el oficio y la técnica narrativa, pero se hastiaron un poco con el despiadado egocentrismo del autor, se recomienda asimismo Los combates cotidianos, de Manu Larcenet, obra de la que tal vez se hable aquí más adelante.



Entendemos como las mejores no a las más populares, ni a las más vendidas, ni siquiera a las que tengan los dibujos más espectaculares, sino las que se hayan convertido en las mejores historias, que hayan conseguido trascender su condición de meros cómics o tebeos para ser verdaderas muestras de todo lo que el noveno arte puede dar

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Bueno, y está Crumb, y Spiegelman, y Harvey Pekar, por supuesto. Pero ahora impera una tendencia que para mi gusto se ha vuelto una moda, hay algunas autobiografias que no son malas, como I never Liked You, aunque a mí me gusta más Louis riel de Chester Brown (me parece una obra más lograda y más profunda), y no sé, me gusta que la novela gráfica esté ganando mayor reconocimiento de la crítica y todo eso, pero siento que ya se está volviendo una especie de obligacion lo de ser autobiográfico, Moore entre los 80 y los 90 (en paralelo con los Hernandez) marcó unos derroteros muy interesantes sobre la construcción de ficción para comics, tengo la impresión de que hoy en día (estoy generalizando, lo sé) nadie, oo muy pocos, se han ido por esa senda, y está todo el mundo contando versiones más o menos adornadas de sus propias vidas, no estoy clamando por un regreso de los cómics de género, por historias de vaqueros escritas y dibujadas en europa, o más super heroes que siento son también un filón agotado, pero creo que hay una infinidad de temas, y de enfoques posibles que la novela gráfica contemporánea está dejando de lado
me quedó como largo, debería escribir un artículo
bueno, hay auténticas perlas autobiográficas en la novela gráfica. El mismo Will Eisner o Gipi son geniales narrando sus propias vivencias. saludos.
Yo por lo general, no aplaudo el género autoiográfico en las novelas gráficas, me parece que se presta a lo fácil y a una automagnificación que no tiene mucho de artístico, por eso había demorado en acercarme a Peeters, y este libro me ha parecido genial, entre visceral y medido, tengo entendido que se escribió y dibujó en menos de 4 meses además
saludos
buena obra sin duda. quizá alguna parte es excesivamente personal y dificilmente comunicable, pero la disfruté mucho. Muy lírica. Saludos.