
Yo siempre fui reacio a Ware porque, visto de lejos, lo de él me parecía algo así como “cómic decorativo”, bien diseñado, pero un tanto insulso, al menos eso fue lo que pensé ojeando en casa de un amigo ilustrador, una lujosa edición de Acme Novelty Library. Ese amigo, y otros más, insistieron en que yo debía leer “Jimmy Corrigan” y por fin lo hice, y diablos, lo encontré todo menos insulso. Hasta admito que las aparatosas comparaciones que le han hecho inclusive con el Ulysses no me parecen tan absurdas. De hecho, estaría seguro de que a James Joyce le habría gustado la forma en que Ware transvasa los mecanismos del monólogo interior, del flujo de conciencia y del juego con diversos estilos del lenguaje literario para reflejar estados de ánimo, a sus equivalentes con el lenguaje gráfico que se ven empleados en las andanzas del también irlandés (al menos de origen) Jimmy Corrigan (quien más o menos desde la página 30, con su mezquindad, su miedo y su inseguridad, me hacía pensar, y mucho, en el también aparentemente anodino Leopold Bloom que protagoniza el Ulysses). Esas páginas con modelos recortables, con textos aparentemente inútiles, ese epílogo en que Ware intercala textos impersonales con la explicación, tímida pero necesaria, de su encuentro real con su padre real, y el paralelismo de su propia vida con la de su apocado personaje. Porque “Jimmy Corrigan: The Smartest Kid On The World“, de Chris Ware, no es autobiográfica, como Persépolis, como El gran mal de David B o como Blankets, pero está muy cargada de la experiencia de vida de su autor, como todas las grandes obras, está llena de dolor y de rabia, y su puesta en escena, tan llena de ternura no hace más que recalcarnos esos sentimientos.

No sé, no he leído las demás historias de este autor, acostumbrarme a la técnica narrativa wareana me resultó complicado, pero terminé de leer el libro y me sentí como cuando se lee una gran novela, una historia densa y compleja que se vale de una anécdota breve (un tragicómico reencuentro con un padre que no dura más de dos días), para contar la historia de una familia desde principios de siglo, e incluso parte de la historia de una ciudad. Con humor, con nostalgia, y además con originalidad.


Lo más importante son los sentimientos de los personajes, temas acaso extraños al mundo de los comics, donde predomina la acción. Este libro de Cosey está más cerca del cine y de la literatura que del de las historias dibujadas en general.
Entendemos como las mejores no a las más populares, ni a las más vendidas, ni siquiera a las que tengan los dibujos más espectaculares, sino las que se hayan convertido en las mejores historias, que hayan conseguido trascender su condición de meros cómics o tebeos para ser verdaderas muestras de todo lo que el noveno arte puede dar
Eureka Seven, sin tener una animación de calidad óptima, aprovecha en cambio al máximo todo tipo de recursos visuales, y literalmente pone a sus personajes a “actuar” ante las cámaras, tal y como ocurre en el cine y la TV de imagen real.
[...] El objetivo del novelista gráfico es el de tomar la figura del cómic book, el cual se ha convertido en algo bochornoso, y elevarlo a un nivel más ambicioso y significativo. Esto implica generalmente expandir su volumen, pero debemos evitar entrar en argumentos acerca del tamaño permisible. Si un artista ofrece un par de historias cortas como su nueva novela gráfica, (como hizo Eisner con A Contract with God) no debemos caer en polémicas. Sólo demos preguntarnos si su novela gráfica es un buen o mal par de historias cortas. Si el o ella utilizan un personaje que aparece en otra obra, como las varias apariciones de Jimmy Corrigan fuera del libro principal, o los personajes de Gilbert Hernández, etc. O incluso personajes que nosotros no queremos permitir en nuestra “sociedad secreta,” pues no debemos descartarlos por esta causa. Si su libro no se asemeja para nada a los cómics que nosotros conocemos no debemos polemizar tampoco sobre esto. Sólo debemos preguntarnos si dicha obra contribuye de alguna manera a la suma total del conocimiento de la humanidad. [...]