
Sabemos que Harvey Pekar creció como judío pobre en Cleveland, que sus padres murieron sin conocer Israel y que a Harvey lo exasperan las ancianas judías que entorpecen las filas del supermercado con sus miserias. Sabemos cómo todo cambió para él cuando decidió escribir comics que hablaran sobre lo cotidiano, y cómo el apoyo de su amigo, el gran dibujante Robert Crumb, supuso un espaldarazo que contribuyó no poco a que Harvey continuara durante mucho tiempo con el proyecto, algunas veces con Crumb y las más con otros muchos dibujantes. Sabemos, de sus matrimonios fallidos, de su matrimonio con Joyce que al parecer no lo ha sido tanto, y de que adoptó a la hija de uno de sus dibujantes venido a menos, sabemos de sus crisis de pánico, de su cancer y cómo salió de él. Pero todos estos detalles, unos importantes, otros aparentemente insignificantes, no los leímos en la wikipedia, los encontramos todos en American Splendor, el cómic que narra con pelos y señales la vida de un hombre, un poco neurótico, un poco amargado, un poco mezquino, acaso un poco demasiado humano como cada uno de nosotros. American Splendor es un comic book que aparece irregularmente desde hace más de 32 años, y que puede entenderse en cierto modo como una novela gráfica, no obstante, si se trata de ser puristas con el formato, la primera novela gráfica de la serie es Our Cancer Year, obra que tal vez pierde algo de calidad pese a su tema por los dibujos, nunca demasiado buenos, nunca lo suficientemente eficaces. La aparición de la laureada película American Splendor, que cosechara los principales premios en los festivales más importantes del mundo (Cannes, Sundance) no tanto por su relativa calidad (excelentes interpretaciones de Paul Giamatti y Hope Davis como Harvey y Joyce, en cualquier caso), como por el tema que trata. De algún modo, los reconocimientos a la película son en realidad para el cómic de Pekar, y supusieron que sus ventas se multiplicaran, que los números más recientes aparezcan editados por Dark Horse con dibujos mucho mejores (a cargo de gente como Richard Corben, Joe Sacco, David Lapham), y que, finalmente, en The Quitter, de 2005 (El derrotista, ilustrada en su totalidad por Dean Haspiel), Pekar consiga, después de tanto tiempo su primera (memorable) novela gráfica. En The Quiter tenemos una estructura narrativa exclusiva de la novela de largo aliento (normalmente Pekar se sostiene en relatos breves), a lo largo de 100 páginas, el autor construye un relato autobiográfico que retoma lo que nos había contado en sus comics anteriores, pero ahora con mayor distancia, y mayor lucidez. Pekar en The Quitter sabe ser tan certero como Bukowski o como el Ellroy de Mis rincones oscuros, en medio de su tono aparentemente pesimista nos cuenta, sin auto complacencia, la difícil vida de un artista que tomó un camino que en su momento era demasiado inusual, y cómo logró salir adelante, digámoslo así, la historia de un derrotista que se salió con la suya.
Habiéndose consagrado como autor célebre, habiendo contribuido a llevar al cómic a un plano de importancia que antes no tenía, habiendo logrado en The Quitter una novela gráfica que merece el título de obra maestra, a sus 69 años Harvey Pekar podría gozar de un cómodo retiro, aunque nos preguntamos, conociéndole toda su vida, si aun tendrá cosas por decir que todos querramos escuchar, o más bien leer.





La historia de cuatro músicos extraterrestres, traídos a la Tierra a ejercer lo que saben hacer convertidos en una banda pop prefabricada, se convierte en una inteligente sátira del mundo del espectáculo
en el medio especializado Pekar es, o más exactamente fue, bastante reconocido y admirado, lamentablemente murió el 12 de este mes
Excelente reseña. Breve semblanza de un prolífico y poco conocido autor de novelas gráficas.