
Aparentemente, Box Office Poison es un libro que parece ser fiel a una tradición arraigada en la literatura escrita en inglés, a la que podemos seguirle la pista desde Dickens (David Copperfield), pasando por Somerset Maugham (Razor Edge), y llegando hasta John Irving (World Acording Garp), historias que se nutren de lo cotidiano, protagonizadas por seres humanos relativamente comunes, enfrentándose al amor, a la lucha por ser alguien en la vida, a granjearse afectos duraderos. Que en los años 90 alguien quisiera continuar con esta tradición narrativa del slice of life no es tan extraño, y que el autor que nos atañe, Alex Robinson, sea un neoyorquino que creció en los 90, explica que tenga tanta propiedad para describir las andanzas desventuras, alegrías y tristezas de un grupo de jóvenes tratando de salir adelante en el Brooklyn de 1994. Lo que acaso si sea un poco desusado es que Box Office Poison (comocida en español como “Malas ventas”) sea una novela sí, pero una novela gráfica.

Estamos hablando de una serie que empezó como el más informal de los fanzines, impreso en fotocopias, cuando su autor al igual que Sherman, el protagonista, trabajaba como dependiente en una librería, y que se convirtió en una historia de largo aliento, dando lugar a 23 comic books que finalmente fueron recopilados en el 2001 en un libro de 600 páginas. Debatiéndose entre una muy fuerte influencia literaria, pero valiéndose también de todos los elementos del cómic indie de aquel momento, Box Office Poison es una obra muy especial, sea cual sea el ángulo desde el cual se la estudie, una historia que a pesar de su extensión se lee de un tirón, que a pesar de sus poco impresionantes dibujos, maneja un lenguaje gráfico absolutamente expresivo, que en un momento en que el cómic americano vivía un auge absoluto de los super heroes (catapultado por la muerte de Superman), prefería un tono intimista y sincero para desahogar las frustraciones de un joven escritor de comics. Los dilemas que vive el autor son similares a los que tuvieran Harvey pekar, Art Spiegelman o Howard Cruse, valerse del cómic para contar una historia con verdadera sustancia. Pero no nos engañemos, en esta obra Robinson busca explicarse a sí mismo renunciando al recurso obvio de la mera autobiografía, y prefiere crearse una serie de alter egos de ficción que llenen los diferentes aspectos de su propia personalidad: el mencionado Sherman Davies, (el aprendiz de escritor que aun no logra hallar su camino), el dibujante de comics Ed hernandez (quién solo lee comics y es amante de Star Wars), y el historiador Stephen Gaedel (el más intelectual y más maduro de los personajes). A estos 3 Sherman les suma una serie de interesantes antagonistas, la dibujante Jane Pekar, el mujeriego James y la inestable Dorothy Lestrade, y, finalmente, el que le asegura a Box Office Poison un lugar especial en la historia de los comics, Irving Flavor, (un personaje completamente digno de Dickens o del propio Balzac), un anciano dibujante de la golden age que con más de 70 años debe ganarse la vida dibujando personajes para cajas de cereales. Con estos personajes, la historia empieza a girar en diferentes direcciones, Sherman quiere abandonar su trabajo y dedicarse a escribir, y debe sufrir en silencio la amargura de que a su novia Dorothy la publiquen y a él no, Jane sabe que ama a Stephen pero teme llevar más lejos su compromiso, Ed quiere triunfar en el competitivo mundo del cómic y encuentra en la terrible injusticia que cometieron las corporaciones contra Irving (que fuera a sus 19 el creador de Nighstalker, uno de los super héroes más exitosos de todos los tiempos por el cual un ladino editor le dio tan solo 45 dolares), una razón para luchar y encaminar su propio trabajo por la senda del cómic indie. En Box Office Poison asistiremos a la educación sentimental de todos estos personajes, algunos encontrarán lo que buscan antes que los demás, otros no encontrarán nada, la moraleja, si la hay, tendrá que deducirla el lector, porque no es obvia.
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En el momento de ser concebida Box office Poison, estaba de moda una novela gráfica que retomaba los clásicos super héroes y los metía en entornos más sofisticados (supuestamente más adultos). Obras concebidas para adultos jóvenes, que habían leído comics desde niños, que se convirtieron en estandartes, y en éxitos editoriales (Box Office sin poison). The Return of the Dark Knight, The Killing Joke, Born Again o Elektra Assasin, basaron su éxito en darle un toque supuestamente más denso a los super heroes, a la par de enfatizar en un estilo de dibujo pictórico pero siempre efectista (Dave MckKean, Bill Sienkiewicz) el resultado fue un tipo de obra que parecía adulta, y parecía tener contenido, aunque no era más que una versión elegante (y hueca) de personajes de franquicias (que jamás superaban el manido conflicto entre el bien y el mal). Al margen de ser un deleite visual, finalmente eran obras mandadas a hacer, que no surgieron de una genuina necesidad creativa por parte de sus autores de dejar un testimonio consciente de su tiempo (acaso Watchmen sí planteó una reflexión inteligente en torno a la cursilería de los superhéroes al construir una parodia trágica, que desmitificaba no solo a los heroes con super poderes, sino practicamente a todas las formas del folletín del siglo XX). A mediados de los 90, los únicos referentes de otro tipo de novela gráfica estaban en Love and Rockets, Hate o American Splendor, en ese sentido, el trabajo de Robinson adquiere un valor mayor, ya que adoptando la estructura de una novela costumbrista convencional, y unos dibujos completamente indie (muy poco comerciales) logró ser muy original. Box Office poison es un libro que atrapa, la inmensa humanidad de sus personajes conmueve desde un comienzo, la capacidad para meterse por momentos en el alma de cada uno, y la densidad dramática de una trama que se resuelve sin soluciones fáciles, y sin demasiadas sorpresas, porque lo que se nos quiere mostrar es simplemente un pedazo de vida. Si hubiera algo que pudiéramos criticarle es que, sin caer en soluciones fáciles, ni en forzados finales felices, no deja de estar impregnada de un muy americano optimismo (similar al de Dickens, al de Maugham, al de Irving), lejano al nihilismo punk de los hermanos Hernandez, la ironía sin contemplaciones de Peter Bagge o el excepticismo de Harvey Pekar. En cualquier caso, el de Alex Robinson con su Box Office Poison es un aporte excepcionalmente valioso para la novela gráfica y los cómics en general.

Viñetas de Box Office Poison en las que personajes y autores del comic indie visitan la librería donde trabaja Sherman, podemos reconocer entre otros a Ivan Brunetti (Schizo), Rob (de Minimun Wage), el Dr. Physician (de Double Cross), Madame Asgar, de Story Minute, Robert Crumb, Bacchus (de Eddie Campbell), y a Chester Brown, algunos ya son demasiado abstractos, como el calvo que se supone que es Homero Simpson, o la niña de Daddy’s Girl de Debbie Dreschler ya adulta.
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Alex Robinson (New York, 1969), luego de estudiar en la School Of Art de new York se dio a conocer en el comic indie con Box Office Poison, obra publicada a lo largo de 5 años por Antarctic press que luego de ser recopilada en forma de libro (por Topshelf en 2001) lo hizo ganador de un premio Eisner en los USA y de un Prix du Premier Album en Angouleme. Ha publicado también las novelas gráficas Tricked (2005), y Too Cool to Be Forgotten (2007). En la actualidad vive en su ciudad natal con su esposa y con un gato.
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Además de mantenerlo a uno en vilo de principio a fin, The Innocents es una película de horror que sin ser explícita ni en sus imágenes ni en su lenguaje, bordea todo el tiempo lo obsceno y lo macabro

[...] cómic que merecía mucha más difusión y reconocimientos, una obra que podía ser tan buena como Box Office Poison, Blankets o Hate, quedó estancada en un limbo de donde debería salir con urgencia. En esta web [...]
HOLA
MEGUSTARIA SAVER DONDE PUEDO CONSEGUIR EN BOGOTA ESTAS NOVELAS GRAFICAS AQUI RESEÑADAS YAQUE E EVERIGUADOENALGUNAS LIBRERIAS Y NO LAS TIENEN GRACIAS
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[...] porque lo que se nos quiere mostrar es simplemente un pedazo de vida Artículo relacionado: Pedazos de vida Pildoras Azules (2001) Título original Pilules Bleues Guión Frederick Peeters Dibujos [...]
Como dicen, para gustos los colores, en España al parecer, “le perdonan” los dibujos a Robinson (ver reseñas de guía del comic o la carcel de papel), en aras de que el guión “sí es muy bueno”, aparte de que los dibujos SI son buenos, cabría recalcar, que el amigo Robinson se licenció de caricaturista en la School Of Art de new York y entre sus profesores tuvo al propio Will Eisner, o sea, el tipo no dibuja así porque no le da para más, sino porque así quiere dibujar, ése es el estilo que considera i´doneo para su historia, y cuando uno la lee, los dibujos no son ningún mal menor, son los que requería esa historia. Así como los de Schuiten, Moebius o Giardino, son los que requerían respectivamente Las ciudades oscuras, El mayor Fatal o la Rapsodia Hungara
Ay, Gabriel… ¡por dios!
[...] ventas (Box Office Poison) Alex Robinson – USA, [...]
sí, este comic aparece reseñado en varias partes como muy bueno, pero los dibujos no invitan especialmente a leerlo